[An English version of this post will be available later this weekend, I promise]
Primera entrega del relato de nuestras aventuras por el suroeste de los estates. Del viaje os cuento poco: estar en un avión 10 horas es un coñazo, pero recuerdo que a mitad de camino me levanté a estirar las piernas y estábamos sobrevolando Groenlandia y luego más tarde los territorios árticos de Canada; la inmensidad blanca me sobrecogió como pocas cosas en mi vida.
Pero bueno, reflexiones pedantes aparte, vamos a la carnaza, que es lo que mola. Llegué a Phoenix, pasé el control de inmigración junto a una bandera de los estates del tamaño de una pista de tenis; muy útil si no te acuerdas de a qué país vas. Fue la primera vez en mi vida que salía de Europa y entraba en un país dónde me consideraban sospechoso a priori, y me sentí muy incómodo con sus prguntas (y soy blanquito y llevaba tarjetas de crédito y metálico encima; no quiero saber cómo se sienten los méjicanos, a los que les miran hasta la talla de los zapatos).
Pues eso, que llegue a Phoenix, 5 de la tarde hora local (que para mi era ya la 1 de la mañana), y a las dos horas de llegar me recogieron Raúl y Rubén, y de ahí a Las Vegas, unas 5 horas de coche. A la hora de camino paramos a degustar las delicias del Taco Bell y a tomarnos unas birras en un bar cualquiera a pie de carretera. Resultó ser un Karaoke cualquiera, con su fauna y su flora autóctona. Como íbamos los tres con corbata y sombrero, nos apodaron los Blues Brothers nada más entrar; y ahí, al ritmo de los clásicos de los 70 berreado por cuarentonas con sombrero de vaquero nos bebimos una jarra rapidita.

La cerveza, como bien es sabido, da ganas de miccionar, y paramos en una tienda 24h cualquiera (que por allí nunca faltan) en busca de un mingitorio para los cerveceros y de cafeina para el conductor. Inevitablemente, el WC estaba cerrado y mi cerebro mediterráneo me llevo a salir fuera y echar un meo en los contenedores de la parte posterior del establecimiento, con toda la naturalidad del mundo. Mientras que lo hacía, recuerdo haberle comentado a Rául: “joder, fijo que aquí te pillan y te empapelan”.
Dicho hecho. Aparece un coche de policía con las luces dadas, que parecen un tanque chato, y se baja el hermano mazao de uno de una peli de vaqueros gritando “you’ve gotta be kiddin’ me man, yo better be kiddin’ me! tell me you’re not pissin’ there!” (no me jodas no me jodas que estás meando ahí). Yo me giro, me cago un poco. Intento decir algo. Me espeta a voces que ponga las manos en el capó y que separe las piernas. Lo hago, me cago mucho. Durísima conversación, sin dejar de gritar él, sin dejar de tartamudear yo, no es una transcripción literal, faltan 40 ‘I’m sorry sir’ que debí de soltar en 10 minutos:
“de dónde es ; de Europa, de España vamos; tranquilícese, cómo se pronuncia su nombre (se lo digo), tranquilícese, le gustaría que fuera a su país a mearlo (yo no doy crédito, pienso en Irak), le gustaría que fuera a su país a mearlo; (se activa el modo salir del paso hablando de Álvaro) lo siento señor, acabo de llegar a este país, mis amigos me acaban de recoger en el aeropuerto, no conozco los usos y costumbres de su país; (llega un segundo coche de policía, se baja y le indica con un gesto de la mano que no tiene sobre la pipa a Rubenest y al Chino que pongan las manos donde las pueda ver. Mientras madero A sigue increpándome) quieres decir que en tú país se mea en la calle; sí señor, lo siento señor, en mi país es muy común orinar en público; (el me mira, no da crédito) Qué! cómo que es normal? además, sabe qué hora es?; lo siento señor, acabo de llegar y tengo jet lag, para mi es la una de la mañana; pues son las 7 de la tarde, qué pasa si te ve un niño pequeño (ahora soy yo el que no da crédito, y qué si me ve un crío) sí un crío te viera el pene, te tendríamos que arrestar por acoso sexual a menores (yo aquí me acojono, por mi cabeza pasan informes de Anmisitía Internacional por docenas, combinados con Prision Break y algo de porno gagay, empiezo a tartamudear masivamente); por favor, le pido que se relaje, dónde vais?; A las vegas; ah sí? te gustaría que te multara y te fastidiara tus vacaciones, es eso lo que quieres? (yo estoy apunto de llorar, las piernas me tiemblan con el culo de una brasileña, le miro desolado; pero me doy cuenta de que se está poniendo un poco paternal, veo la luz); Lo siento de verdad señor, ha sido una terrible confusión, debería haber [...]; espero que esto te sirva de lección joven, no estás en tu país, aquí tenemos normas civilazadas, si te pillan haciendo esto es Las Vegas, dormirás en el calabozo.
Y después de este bonito encuentro, con Rubén murmurando ‘puto gordo, ni 3 horas y casi le arrestas, puto gordo’, tiramos para Las Vegas. Llegamos a las 2 de la mañana, pero eso ya es otra historia.

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