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Bueno, nos quedamos en que casi se me caen las pelotas por el susto que me dio el sargetnto de la chaqueta metálica por echar un inocente meillo por ahí.
Después de esa hilarante historieta, muchas horas de coche, de las que dormí la mayor parte. Me desperté cuando ibamos a entrar en Nevada, por la presa Hoover, obra de ingeniería acojonante de la que hablaré en la tercera entrega. la siguiente vez que me desperté estabamos entrando en Las Vegas, y no sé muy bien por qué, Rubén que era la enésima vez que iba, nos hizo caso al Chino y a mi y claro, nos perdimos. Parada en una gasolinera. Caja de Bud, Red Bull y beef jerky, una combinación ganadora donde la haya.
A partir de ahí, 48 horas de neon, moqueta, cerveza y juego. En las vegas nunca falta ninguna de estas cosas. Nos alojamos en el hotel Hilton, que a su entrada tiene una estructura descomunalmente enorme que no sirve para nada, pero ahí la tienen. Hotel grande y bien hortera. Todo moqueta. Y de ahí a un casino que es como el Whelan’s pero en casino. Allí los chavales se entretenía jugando al Beer Pong, un deporte que habría que importar, mientra que yo intentaba jugar a algo con cartas. Al final encotré una mesa en la que la carta más alta gana. Perfecto pa mi. Amorticé la birra.
A mitad de noche (7am al parecer), cuando empezaba a tropezarme conmigo mismo vino un tipo de 2 metros con el puño sangrando a comentarme que no sé quién le había pegado, que él sólo se había defendido. Yo le miro con la profundidad con la que sólo saben mirar las vacas. Él insiste en preguntarme qué hacer. Yo le indico que por qué no se lo cuenta al de seguridad. El replica que si no soy yo (¿?¿?!!!). Luego caí en la cuenta que llevaba corbata y chalecto y que al pobre le debió despistar.
8 am. vámonos a desayunar. Vamos al típico sitio de desayunos. Me ponen la tortilla francesa más grande que he visto en mi vida con todo lo que tenían en la cocina. Al hotel. Alberto, el taxista, es cubano. Creo que no se dejó ni un vicio en la lista de ofrecimientos, y además iba bajando el precio a ver si picábamos. Para cuando dejamos el taxi ya iba por el paracetamol bien picado y las estripers con lepra.
Dormimos un par de horas. Despertar infernal, mucha agua, camisa que me tape la piel del cuello que ya no tengo gracias al desierto, a ver qué se cuece en el Srtip, la vía principal donde están casi todos los casinos y hoteles importantes.
No voy a daros la brasa hotel por hotel; es para verlo, eso es cierto. A cada cual es más grande, y ofrece un casino más bestial y más cosas para entrenerte.
Pero cuando llevas 30 horas en Las Vegas y se te está pasando el segundo pedo (o el tercero), de repente llegas al Venetian y ves a gente casándose en una maqueta a tamaño real del palacio del ducado de Venecia. Y entras dentro, y hay canales bajo un cielo tan currado como el del Show de Truman, con gondolas a motor y Gondolieri que cantan y todo. Y te da por pensar. Y ahí la has cagado.
Menos mal que el chino siempre tiene una solución para estos problemas. Una botella de Vodka, siesta, pizza, ducha y otra vez en marcha. Esta vez fuimos a la parte antigua de Las Vegas, donde rodaron Casino y donde te dejan hacer apuestas de 1$. Se confirma que la ruleta es lo mío, no las cartas.
Las Vegas no es un sitio para pensar, sino para liarla parda y gastarte mucho mucho dinero. Lo segundo no llegó a pasar porque lo recuperé echando todo al rojo en la última mano.
¿Que si me lo pasé bien? Me lo pasé de puta madre, para qué engañarnos. 40 horas, y de nuevo en la carretera, pero eso ya es otra historia.




Después de esto es pero que no defraudéis ni en Bélgica ni en Holanda, no nos dejéis mal…
Menuda cara dura tienes amigo, 200 pavos en una noche.
Que grande y cuanto dan de sí dos noches en Vegas, verdad? Tres pedos fijo y el cuarto ahí ahí.